domingo, 16 de diciembre de 2012

Carta Abierta a Unión Española

Escribo desde la trinchera de hincha de Unión Española una vez finalizado el Campeonato de Clausura del Fútbol Profesional de Chile 2012. Escribo con respeto por el equipo campeón Huachipato y por la gente de Talcahuano que a poco tiempo de una gran catástrofe natural celebran que les sonría el sol . Han pasado los años y las emociones del fútbol de Unión siguen vigentes con fuerza e intensidad. Sólo cambian los compañeros de grada porque los hijos han reemplazado a los amigos; las tardes en Santa Laura a las reuniones dobles en el Nacional y la distancia que hace inalcanzables a los futbolistas por la cercanía que permite reconocer a la persona que hay detrás del crack. Para esta Unión ha terminado un campeonato más. Con la misma sombra que tapó la imagen televisiva del gol colocolino de Edson Beiruth el 70. Con la misma soledad del regreso a casa después del triunfo del Everton de Pedro Morales el 76. Con el mismo mazazo propinado por el Cobreloa de Acosta el 2004 y la misma desilusión por no voltear a la U de Markarian el 2009. Esta Unión ha jugado un campeonato a gran nivel. Como lo hacía en los 70 con Alonso y Santibañez; en los 90 con Suárez y Acosta y, por cierto, en el 2005 de Calera y Díaz. En esta Unión han jugado extraordinarios futbolistas. Como también lo fueron el “Pinina” Palacios y “Pancho” Las Heras; Mario Lucca y Ricardo Perdomo; Marcelo Vega y José Luis Sierra; el “Pony” Ruiz y José Luis Sánchez; el “Lalo” Azargado y Juan Carlos González; Sebastián MIranda; José Luis Jerez, Manolo Neira y “Sam” Bravo. También había corazón tan rojo como el de “Manolo” Rodríguez, el “Cha-Cha” Avendaño o Félix Landa En esta Unión han convivido la emoción propia de un relato de Díaz Correa o Solabarrieta; la profundidad característica de una columna de Sotomayor, Costas o Con; el dinamismo típico de un programa conducido por Gálmez o Lara. A esta Unión la acompañaba el afecto popular; la guiaban las estrellas del 43 y 51 y la miraban desde el balcón eterno el “Nano” Fernández; “Pancho” Urroz , el “Gaita” Beperet y el “Chico” Cremaschi. Esta Unión y su fútbol nos han conducido a momentos míticos como aquellos a los que nos transportaba con su prosa el “nuestrísimo” Julio Martínez (JM). No quiero aparecer complaciente ni que me engañe mi optimismo habitual con el equipo. Tampoco deseo que me traicione el afecto y respeto por el “Coto” Sierra, quien junto al “Nino” Landa, está en la galería de los inmortales del club. A las capacidades del técnico y los jugadores, en esta Unión se suman el probado buen juicio del propietario Jorge Segovia, del directorio liderado por José María Llorente y del gerente general Johnny Aswhell. El futuro siempre demanda nuevos desafíos y más que buscar remedios para lo que no ha de volver debemos aprovechar las experiencias pasadas como combustible para los nuevos tiempos. Estoy muy convencido que hay mucho margen de crecimiento y triunfos para Unión Española. Institucional y deportivamente, en Unión Española hay objetivos muy claros, convicción en las políticas y gran compromiso de las personas participantes. Esto es un activo de muchísimo valor que no poseen todos los clubes y que es muy difícil de lograr y mantener en un ambiente tan especial como el fútbol. Lo anterior, me permite invitar a mirar el bosque y a no detenernos en derribar el árbol (“de acero”) que nos ha caído encima y que genera la natural rebeldía, disconformidad y decepción que acompaña a toda derrota. Creo que el diagnóstico de lo ocurrido está claro. También creo que el remedio está a la mano. Es evidente que el club se ha transformado en uno de los modelos de negocios más sostenibles que hay en el fútbol chileno. Es un proyecto que transmite los valores propios de la actividad deportiva y los especiales de esta conducción, como son la convicción en metas, el trabajo duro, perseverante, transparente y responsable para conseguir los objetivos. La responsabilidad social de Unión Española encuentra una plataforma en las divisiones inferiores del club al sacar a cientos de jóvenes de los riesgos de la calle generando una cultura deportiva que los aleja de los peligros de la droga y la delincuencia. Por si eso no bastara, para algunos jóvenes constituye una fuente de empleo que les permite acceder a remuneraciones que su formación y redes personales no les otorgarían. Si prospera el proyecto de ciudad deportiva, la comuna sede de la misma se verá favorecida urbanística, ambiental y socialmente por la construcción de una infraestructura como la planificada y por la oportunidad de recreación que la misma significará para el sector. Finalmente, y lo que no es menor, la imagen de España seguirá siendo querida y respetada en nuestro país porque sin duda la Unión es el mejor embajador hispano en estas tierras. Es cierto que el título de campeón era un gran trampolín para todo ello. Convencido que vienen días de triunfo porque siempre se premia el buen hacer y a las buenas personas, simplemente felicito a todos porque Unión Española es un ejemplo de hacer las cosas bien. Nos vemos en Santa Laura. Ojalá que seamos tantos y con tanta pasión como la última vez. ¡Fuerza Unión!

viernes, 30 de noviembre de 2012

Cosas del Futbol

“Cosas del fútbol” es la denominación en la interna para aquellos hechos excepcionales propios de la actividad. Si esos hechos ameritan reproches éticos y/o legales, se toleran en homenaje a una costumbre inveterada o a la reiterada vocación del fútbol de tener sus propios códigos de actuación. Atribuirle a una cuestión el rótulo de “cosas del fútbol” es la licencia de actuación que permite soslayar cualquier obstáculo por grave que fuera éste si ocurriera en otra actividad de la vida nacional. Han pasado los años y ha cambiado la lógica social. La legitimidad y por ende la licencia social para actuar en sociedad ya no se concede a priori por razones atingentes a la historia o posicionamiento tanto de los actores como de la actividad. Hacerlo es discriminación pura y dura. Dicha licencia social se adquiere día a día, jamás para siempre y de acuerdo a la actuación y no al origen de la persona o medio donde se realiza. Que un hecho sea desde siempre rotulado como “cosas del fútbol” y que “ni la FIFA” repare los agravios que pueda generar, ya no es suficiente motivo para ser aceptado por todos. En este nuevo escenario, el fútbol debe estar atento y reaccionar con velocidad y certeza. La responsabilidad social que se le exige a los actores públicos o privados que interactúan con la sociedad es mucho más que la mera filantropía. Si bien hacer donaciones para buenas causas es muy loable, la primera responsabilidad corporativa es desarrollar con excelencia el giro propio. De nada sirve ayudar causas para la infancia, la mujer, la salud, la educación u otras, si la actividad futbolísticamente propiamente tal no se alinea con los valores que precisamente motivan dicha filantropía. Por eso, ciertas preguntas que hasta hace poco se respondían internamente, con códigos propios y de espalda a la comunidad, hoy ameritan una respuesta contundente y corporativa. Una correcta respuesta a estas preguntas sociales es una herramienta de legitimidad social mucho más potente que todas las causas solidarias que estamos apoyando. No es trivial el debate sobre la forma del despido de Borghi; sobre la renuncia de Carvallo ad portas del sudamericano; sobre la pertinencia de la designación de Osses en la reciente definición de play off; sobre la continuidad de Labruna en Colo Colo por la versión falsa de su accidente del tránsito. Tampoco puede seguir esperando el debate sobre la contratación de jugadores rivales cuando aún no finaliza el campeonato; sobre la simulación de faltas de los jugadores en cancha o la inhabilitación proactiva de éstos al enfrentar en instancias finales al club que será su próximo empleador; sobre la falta de disciplina física de los deportistas profesionales; sobre la falta de capacitación de los diferentes estamentos; sobre el cumplimiento de objetivos y eficiencia de las asociaciones gremiales y/o sindicatos que existen en la industria; etc. Si el fútbol - dirigentes, jugadores, técnicos, árbitros y otros actores conexos- respondemos estas preguntas no sólo ganará una actividad en la que abundan las personas y los gestos nobles. También habremos ganado como país un portavoz social que, sin dar lecciones morales a nadie y a partir de su propio crecimiento, pueda exigir a otros estamentos públicos y privados la misma evolución y comportamiento. ¡Nuevas prácticas y costumbres que no sólo las necesitamos los pichangeros!

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sociedad, Confianza y Futbol

El Barómetro de la Felicidad, realizado por la Universidad Católica para Coca Cola deja establecida la baja confianza de los chilenos en vecinos, amigos y redes sociales. La desconfianza afecta la construcción de capital social elemento clave para generar sociedades desarrolladas y personas felices. Una de las herramientas que disponemos para construir confianzas es el deporte, actividad que fomenta valores personales. Es habitual escuchar que lo que potencia el liderazgo de entrenadores exitosos o caracteriza a equipos ganadores, son actitudes y climas de confianza. Si estamos de acuerdo que el deporte es una escuela de confianza, el fútbol por su popularidad debiera ser el que más podría contribuir a instalar en nuestro país la confianza frente a lo extraño y a lo que no se conoce. ¿Asume el fútbol este desafío? Ciertamente que no. Como en todo el deporte chileno, la instalación de valores es una asignatura pendiente. Esto no quiere decir que los deportistas chilenos carezcan de valores ni que no puedan ser ejemplos de dicha causa. Lo anterior, simplemente reconoce que es más frecuente que el fútbol chileno sea escenario de conductas contrarias a la construcción de capital social. Al hablar de escuela social e invocando el deporte en general y el fútbol en particular, los desconfiados avalan su conducta y los confiados se compran patente de ingenuos. Le hace mal a la escuela social del fútbol la discusión sobre los hábitos sociales de los árbitros por privados que éstos sean. Le hace mal a la legitimidad social del fútbol que estamentos representativos de la dirigencia y de los futbolistas se acusen mutuamente de mentir o engañar las reglas del juego. Le hace mal la opacidad en todos los estamentos y en todas las decisiones aunque no exista ninguna obligación legal, estatutaria o reglamentaria de publicitarlas. Le hace mal la violencia y la simulación. Estamos poniendo mucho foco en el negocio del fútbol. Tanto, que no vemos la tormenta financiera que ya está instalada en Europa y que tarde o temprano llegará por nuestros lares. No estamos preocupados de la escuela de vida que el fútbol representa que no vemos que detrás de la pelota, el juego y los trofeos hay valores muy potentes que, como el cimiento de un edificio, son los que sostienen invisiblemente la actividad. Aplaudo el compromiso que el fútbol chileno ha asumido con la prevención del cáncer de mamas. ¡Que sirva de ejemplo para demostrar que hay espacio para buenas causas en nuestra conflictiva convivencia futbolística!. Por ello, animo al fútbol chileno a que se haga cargo de la causa nacional que puede abordar mejor que nadie en Chile: ser una gran escuela de valores sociales que contribuyan a que seamos una sociedad cada día más confiada y más feliz.

martes, 23 de octubre de 2012

Sueños Deportivos

El deporte chileno está convulsionado. No sólo por el daño que a la Industria del Futbol le han propinado el domingo pasado trabajadores de esta actividad sino también por lo que ocurre en otros deportes que estuvieron en estos últimos días en las noticias por disputas y controversias extradeportivas. Hace algunos meses atrás pedíamos una Política Deportiva que fuera el faro en la tormenta y nos encontramos que esa política ha perdido vigencia o no es considerada por quienes están obligados por ley a desplegarla. Hoy día, nos peguntamos que soñamos para el deporte chileno. Ten sueños y no planes dicen los más innovadores emprendedores que han transformado distintas áreas de la vida humana. La fuerza de los sueños no sólo hace fluir planes coherentes para concretarlos sino gatilla el entusiasmo de las personas, los alinea y focaliza la discusión en los fines y desprecia perder el tiempo en lo accesorio. No tenemos sueños, no tenemos políticas, no tenemos ruta. Por ello, la clave del deporte chileno pareciera estar en las herramientas, en el detalle y, lo más grave, afuera de la cancha. Si soñamos de verdad con el deporte, un campeonato mundial de hockey patín no centra el debate en un pasaje de avión; el basquetbol en una disputa entre liderazgos personales y la gimnasia en una lucha entre dirigentes y deportistas, solo por citar algunas rencillas que nos frenan y desalientan. Si soñamos de verdad con el deporte trabajamos en la formación deportiva y humana de los deportistas, centralizamos el esfuerzo en la calidad del espectáculo, facilitamos la vida a los espectadores y no exageramos en el control de la delincuencia que acecha al deporte, como si no acechara en otras latitudes, instalando la presunción de culpabilidad en todos los hinchas. Si tenemos un sueño, nos alineamos y sabemos todos a qué jugamos. ¿Soñamos con un país de medallas olímpicas o panamericanas? ¿Soñamos con tener un alto porcentaje de ciudadanos con práctica deportiva? ¿Soñamos con deporte recreativo, de base popular, bien organizado e institucionalizado? ¿Soñamos con una educación que fomente el deporte para desplegar habilidades sociales y hábitos saludables en todos los niños y jóvenes chilenos? ¿Soñamos con infraestructura solo para altos rendimientos o también con una red de polideportivos en barrios y poblaciones urbanas y rurales? En Chile no podemos pendular entre la euforia y la depresión dependiendo como nos va en un juego o competencia cuyos resultados son esencialmente aleatorios. Nuestra madurez deportiva y por tanto nuestra felicidad y conformidad con el deporte nacional, más allá del deseado bálsamo del triunfo puntual, descansa en el desarrollo coherente y consistente de nuestras políticas con nuestros objetivos. En la justicia y transparencia de los actos deportivos. En el progreso institucional y humano; en el clima de armonía adentro y afuera de la cancha; en el rol cívico del deporte y el deportista. En la grandeza de sus gestos y en la limpieza de sus debates. Madurez, felicidad, desarrollo, coherencia, consistencia, justicia, transparencia, progreso, institucionalidad, humanidad, armonía, civismo, grandeza y limpieza son entre otros los valores que debemos asociar al deporte chileno. Es un reto bello y muy difícil, pero jamás un sueño imposible.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Una oportunidad para el fútbol chileno

Han sido publicados algunos informes o estudios sobre el fútbol chileno. Uno de ellos, reconoce el alto valor de la marca Selección Chilena y otro una elevada deuda histórica de los clubes. Sin entrar en los detalles de ambos documentos o sobre las legítimas observaciones que pueden ameritar, me parece que detrás de ellos hay una oportunidad para el fútbol chileno. Se posicionó la Selección Chilena por un trabajo que anudó buena gestión directiva y técnica que generó éxitos deportivos y afecto popular a pesar que en los fríos resultados futbolísticos no se consiguiera nada jamás alcanzado a nivel de selecciones. La aureola de valor, el intangible que subyace en el proceso “Mayne-Nicolls - Bielsa” corresponde a un estilo definido, a una forma concreta de hacer las cosas y a una meta clara. Las razones que impidieron la sostenibilidad del proceso no afectan para nada la validez de la afirmación anterior. El aprendizaje es que aquello que generó el posicionamiento público y mayor valor económico de la marca Selección Nacional es posible replicarlo a nivel de Competencia Nacional y, por ende, de los Clubes de Fútbol Profesional. Comparto con aquellos que sostienen que si el proceso anterior hubiera privilegiado estas dos últimas instituciones, con la misma fuerza que la Selección y otras derivaciones legítimas pero no prioritarias, como el fútbol femenino, la sostenibilidad del propio proceso como de sus ejecutores habría estado asegurada. A pesar de ello, reconozco la legitimidad de la opción de priorizar la Selección Nacional por la “fiebre” resultadista del ambiente ya que sólo con la Selección se consiguen resultados con la inmediatez y visibilidad que demandan la presión y fervor de hinchas, dirigentes, periodistas, productores y autoridades. Si estamos dispuestos a financiar con un retorno en intangibles los triunfos de la Selección y lo que ello conlleva (“celebrar en la Plaza Italia tiene un precio” ) ¿por qué no apostamos con la misma vara por un Campeonato Nacional y Clubes Deportivos de primer nivel? Las Sociedades Anónimas Deportivas hasta ahora han significado un quiebre histórico con la lógica de responsabilidad pero no con la de la gestión. Las SADP han conseguido que el déficit financiero de la actividad deportiva recaiga en personas naturales concretas y no sea diluido en una corporación sin fines de lucro que en definitiva se torna irresponsable por falta de patrimonio. Pero un estado operacional deficitario no es alarmante y sintomático de una actividad es estado terminal, sino que parece consustancial a la actividad deportiva. Es más, ¿por qué solo aceptar déficit operacional en la Selección y no en la de los clubes? Lo que genera inquietud es la falta de gestión detrás de los malos números financieros, la pobreza del espectáculo y el bajo valor social de la actividad. No en vano, al revisar cifras de grandes clubes mundiales se repiten déficits pero se percibe valor en torno a un partido, al campeonato y a la actividad en general. Las SADP han cumplido con la primera parte de la ecuación que las legitimó en su momento pero no han encontrado la fórmula de gestión necesaria para dotar de valor económico y social a la actividad y en concreto a su producto estrella: el campeonato nacional. Y acá hay una oportunidad para el fútbol chileno. Debemos conseguir un modelo de gestión que subsane esta asignatura pendiente. El Campeonato Nacional debe constituir un hito que legitime la participación y seguimiento del mismo, como ocurre por ejemplo, con la participación de la selección nacional en las eliminatorias. El Campeonato Nacional debe recuperar el sitial que le pertenece como gran centro de entretención social. Si toleramos el uso de nuestra actividad para posicionar la actuación pública contra males sociales que afectan a toda la comunidad, como la violencia, también hay que exigir vitrina para aquellos ámbitos donde somos ejemplo. El fútbol profesional chileno es un formador laboral pero no se considera a la hora de analizar las alternativas de formación para el trabajo. El futbol profesional es una fuente de trabajo juvenil pero no se le considera como Industria a la hora de estímulos y apoyos a quienes contraten a menores de 30 años. El fútbol profesional es la punta piramidal de un trabajo formativo que educa e integra socialmente pero no se le considera a la hora de destinar recursos en la materia. Si los mismos actores y los mismos clubes han innovado en materias como el CDF y han permitido el desarrollo de la marca Selección Nacional no veo imposibilidad de hacerlo con el Campeonato Nacional y con la actividad misma. Nombres propios más o menos, el fútbol chileno tiene los recursos humanos y materiales necesarios para dar un salto de futuro incrementando el valor económico y social de la actividad. Hay talento directivo, técnico y futbolístico. Hay que “anudar” la trilogía con sentido y proyección de futuro, convencidos que es tarea y beneficio de todos.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Una de cracks

Junto con rendir homenaje al ex futbolista y entrenador Edson Beiruth, y de paso reconocer el afecto y apoyo que Colo Colo le brindó no solo en su funeral, es bueno detenerse para reflexionar sobre los futbolistas de tercera edad en Chile. Ya hemos escrito en otras oportunidades que durante muchos años, de forma consentida por la ley, el empleador y los futbolistas profesionales, éstos no cotizaban pero se les descontaba un porcentaje de su sueldo para financiar un Fondo de Bienestar creado por el DFL n°1 de 1970. Dicho fondo, además, recibiría aportes de los clubes y del propio Estado. (*1) Lo concreto, es que el Fondo de Bienestar nunca se creó y que salvo el descuento a los futbolistas nadie más hizo su contribución. Es verdad que por un hecho natural y obvio, que no es ni desprecio ni abandono, un ex futbolista como toda figura pública, nunca tendrá el conocimiento ni la popularidad de sus años activos y la lucha contra ese aparente enemigo es uno de los procesos más duros que deben vivir quienes en su momento convivieron con la popularidad. Sin embargo, no es menos cierto que aún en el ostracismo los ex futbolistas tienen derecho a que alguien les reconozca los años trabajados y el monto cotizado por escuálido que haya sido. Lo que duele no es la soledad del ex futbolista. Lo que duele es el desamparo de quien fue trabajador profesional, contribuyó de buena fe para tener un fondo de bienestar y hoy no tiene derecho a ningún beneficio social propio de la mayoría de los trabajadores chilenos por mínimo que haya sido su ingreso imponible. Nadie es responsable directo de lo ocurrido porque hay culpas compartidas. Sin embargo, la naturaleza propia del deporte y los valores que irradia una noble actividad nos obliga moralmente a reaccionar y hacer algo. Una señal, un gesto que permita demostrar que estos cracks están vigentes. Se me ocurre que en la pretendida sociedad de garantías por la que permanentemente abogan nuestros líderes políticos y sociales hay espacio para quienes fueron los héroes de muchos chilenos. Por ello, sugiero que en una primera etapa se otorgue pensión de gracia a todos quienes han sido seleccionados chilenos para los campeonatos mundiales de 1966 y 1974. Una vez resuelto ese tema, trabajar por darle vida al Fondo de Bienestar que financiado con imaginación y colaboración solidaria permita atender con rigurosidad y transparencia casos graves y a los Centros de Día, nueva iniciativa gubernamental que es una casa de acogida en la que puedan estar ex futbolistas de la tercera edad y que les permita estar durante el día en un entorno de seguridad, cuidado, entretención y afecto. Una tarea que se puede encausar a través de la Mutual de Ex Futbolistas, entidad liderada por los ex mundialistas del 62, quienes gozan del apoyo y la confianza suficientes para liderar estas iniciativas Quienes nos hicieron felices con sus regates, su goles y juego bonito se alegrarán mucho si por una vez somos nosotros, los hinchas que crecimos admirándolos, los que les ofrecemos una gran jugada. ¡Sería de cracks.! *1 (http://blogs.cooperativa.cl/opinion/deportes/20120530160840/otro-aporte-de-los-mundialistas-del-62/)

viernes, 10 de agosto de 2012

Políticas Públicas del Deporte

Depende quien sea el interlocutor estos JJOO son considerados un éxito o un fracaso deportivo para Chile. La emoción que generó Tomás González o el aporte del Estado con la gran cantidad de dinero invertido en preparar deportistas de alto rendimiento, esgrimen como argumentos a favor. En la vereda del frente, predominan las críticas fundadas en la decepción de algunos deportistas o en la ausencia de medallas como no se ocurría desde Seúl . Participar en los JJOO en sí mismo es un mérito para el deportista. Sobre todo en un país sin hábitos, cultura ni medios deportivos como el nuestro. Es un mérito deportivo mayoritariamente individual y detrás de las historias personales queda en evidencia el esfuerzo familiar del deportista exitoso, la soledad con que éste enfrenta la mayoría de sus años de vida deportiva y las pugnas, abiertas o soterradas, de federaciones, colegas y/o entorno que le obstaculizan en vez de allanar su camino hacia el alto rendimiento. Aún así, creo que eso no debiera ser el tema que nos ocupe ya que son solo consecuencias de un mal mayor. No se solucionará el problema del deporte chileno aún cuando el COI o el IND asuman que tienen que jugar aún más activa y decididamente para solucionar los conflictos internos de las federaciones y deportistas y erradiquen de una vez las malas prácticas o nepotismos. Es más, hay federaciones que son ejemplo de organización y transparencia con muy malos rendimientos. No se solucionará el problema si cambian los perfiles de los dirigentes y deportistas. También hay pugnas, y gravísimas, en deportes considerados de élite y con dirigentes aparentemente bien ilustrados y capacitados. La principal carencia y debilidad es que no tenemos una Política Pública del Deporte, con objetivos, estrategias y medios y que nos permite distinguir entre fines y medios, trabajar y evaluar con perspectiva y mediciones objetivas. El país, la prensa y las emociones se vuelcan cuando hay una competencia que genera rating, orgullo y/o entretención. Pero se apaga la luz y todo vuelve al ostracismo. ¿Es el deporte chileno la causa social que la cobertura mediática de un buen o mal rendimiento deportivo en las Olimpíadas hace presumir? No lo creo. ¿Es considerado el deporte chileno como cualquier otra política pública? ¿Se miden los beneficios y costos? ¿Se ponderan los medios, su eficacia y pertinencia ? ¿Se discute de deporte en el Parlamento, en las Universidades, en los Foros de Opinión? Creo que no. Así como confundimos el derecho deportivo, que es el conjunto de normas y reglas que rige la actividad deportiva, con el derecho al deporte, que es la legítima facultad del ciudadano de acceder a la práctica del deporte, también confundimos una política deportiva con un plan de construcciones, actividades, financiamientos y/o capacitaciones en deportes. Nos hace falta un debate nacional, amplio e informado, para definir la visión deportiva del país; la misión de los órganos rectores del deporte y la estrategia que utilizaremos para hacer de este país un grupo humano que práctica deporte y de paso crea las bases para el alto rendimiento. Hay que crear un circuito virtuoso que une indisolublemente a aquel que hace deporte solo para entretenerse con quien lo práctica para competir y vivir profesionalmente de sus logros. Tendremos un país con buenos hábitos y calidad de vida, orgulloso de sus logros deportivos y con una imagen externa potenciada por deportistas de excepción que son, sin duda alguna, los mejores embajadores de la imagen país.